3 de noviembre de 2026

Devoción y tradición: Familias bolivianas despiden a las almas con ofrendas y plegarias en los camposantos

Tras cumplir la visita anual de 24 horas que inicia al mediodía de Todos Santos, la población en Bolivia despidió este lunes a las almas de sus difuntos en medio de oraciones, altares tradicionales y visitas masivas a los cementerios.

Las familias bolivianas despidieron este lunes a las almas de sus seres queridos tras haber compartido su presencia espiritual durante 24 horas, cerrando el ciclo con arreglos florales, plegarias y muestras de agradecimiento expresadas en panes y alimentos preparados para la ocasión.

De acuerdo con la tradición, los espíritus llegan al mediodía del 1 de noviembre en Todos Santos y emprenden su viaje de retorno al día siguiente, durante el Día de los Difuntos. Esta conmemoración fusiona la liturgia católica con las costumbres andinas, desarrollándose tanto en los cementerios como en vías públicas y domicilios particulares.

La recepción y posterior adiós conllevan el armado de altares o mesas con retratos de los fallecidos, junto a las comidas y bebidas que disfrutaban en vida, frutas, flores, coca, cigarrillos y las tradicionales ‘t’antawawas’, panes con figuras humanas elaborados en los hogares para honrar la memoria de los difuntos.

En la ladera paceña, el cementerio ‘La Llamita’ registró desde las primeras horas la llegada de deudos que ornamentaron las sepulturas con ofrendas para acompañar a las almas hasta pasado el mediodía, mientras que otros grupos familiares optaron por despedir a las almas en sus casas antes de acudir a los camposantos.

Entre los asistentes, Máxima Paty, una mujer aimara, relató que mantiene viva esta costumbre desde hace 28 años a raíz del deceso de su esposo, sintiendo la protección de sus seres queridos y confiando en que sus hijos preserven la tradición. En el mismo lugar, Jesús Salinas oraba junto a una lápida recordando que su padre falleció hace 10 años, cumpliendo con la tradicional despedida mediante flores y oraciones.

Por su parte, Juan Machaca llegó en un pequeño camión y armó un altar en el montacargas con panes en homenaje a su madre y hermanos fallecidos, a quienes considera sus ángeles de la guarda. Su mesa incluyó figuras de caballos y llamas para el transporte de las ofrendas hacia el más allá, además de cañas de azúcar destinadas a sostener el paso de las almas en su retorno.

El camposanto contó con la presencia de un sacerdote local y monaguillos para asistir a los creyentes, además de los ‘reziris’, jóvenes y niños que ofrecen plegarias a cambio de ‘t’antawawas’ para colaborar en la elevación de las almas. En las demás ciudades y áreas rurales del territorio nacional, la población también habilitó espacios familiares para despedir a sus difuntos.