
Los equipos de emergencia de California combaten este martes un mínimo de siete incendios forestales activos en la región sur del estado. Las ráfagas de viento han propagado las llamas rápidamente, obligando a las autoridades a ordenar la evacuación de cientos de pobladores y a declarar alertas meteorológicas de emergencia.
Uno de los focos más alarmantes es el incendio denominado «Sandy», ubicado en el condado de Ventura, colindante con Los Ángeles. Hasta este martes, el fuego ha arrasado más de 700 hectáreas y mantiene bajo orden de evacuación obligatoria a unos 17.000 habitantes, mientras que el personal de rescate solo ha logrado contener un 5% del siniestro, el cual ya destruyó una vivienda.
Por otra parte, cerca del mediodía del martes se originó el incendio «Bain» en Jurupa Valley, un evento que ha dejado un saldo de cuatro personas heridas. Los bomberos locales aún no han conseguido controlar el avance de este fuego.
En las proximidades del sector anterior, se desató el incendio «Verona» en el condado de Riverside, reportado como el incidente más reciente en la zona. Hasta la tarde de este martes, las llamas ya afectaban a casi 80 hectáreas de terreno.
No obstante, la quema de mayor envergadura en el sur del estado se localiza en la isla de Santa Rosa, situada en el territorio protegido del Parque Nacional de las Islas del Canal.
Según el reporte del Servicio Nacional de Meteorología (NWS), se prevé que la intensidad de los vientos en la zona del incendio Sandy disminuya moderadamente este miércoles; sin embargo, advierten que continuarán siendo un factor determinante en la propagación del fuego.
Por su parte, Cal Fire, la entidad estatal encargada de la gestión forestal y de bomberos, cuantifica un total de diez incendios activos en todo el territorio de California durante este martes.
Esta cadena de siniestros vuelve a poner en jaque a la costa oeste de Estados Unidos, reactivando el temor colectivo de revivir la catástrofe ocurrida en el condado de Los Ángeles en enero de 2025.
Aquel desastre anterior, iniciado el 7 de enero y que demandó más de tres semanas para su control absoluto, provocó la muerte de al menos 31 personas, obligó a evacuar a 150.000 ciudadanos y destruyó más de 16.000 infraestructuras, consolidándose como uno de los desastres financieros y naturales más graves en la historia del país.
