4 de noviembre de 2026

Conmoción en París tras una noche de saqueos y disturbios durante las protestas

Las recientes movilizaciones contra el encarecimiento de la vida en la capital francesa y otras localidades derivaron en graves destrozos y desmanes, dejando un panorama desolador entre comerciantes y vecinos.

En París, al igual que en diversas urbes del territorio francés, los desmanes y los saqueos empañaron la jornada de movilizaciones del sábado contra el encarecimiento de la vida, a pesar de que en algunos sectores las concentraciones transcurrieron en relativa calma.

«Ingresaron a la sucursal de Asics, donde un par de zapatillas cuesta 200 euros (…) Permanecieron en el barrio hasta la 01H00 de la madrugada. Sentimos temor de que nos arrojaran cosas», relató Anita Gras. Durante el descontrol de esa noche, la mujer tuvo que acudir a recoger a su hijo, quien desempeña funciones en un comercio del área que sufrió severos daños materiales.

«Es como si hubiésemos atravesado una guerra«, manifestó apesadumbrado Mehmet Ozden, un sastre jubilado de 78 años y de procedencia turca, radicado en el centro de la urbe desde la década de 1970, cuando Charles de Gaulle aún vivía. El residente salió a caminar con su mascota, la cual se asustó profundamente el sábado por la noche, lo que les forzó a retornar al hogar. «Nosotros terminaremos pagando por todo esto. Es inadmisible; Francia ya no es lo que solía ser«, lamentó.

Frente a estos acontecimientos, surgen temores en torno al flujo de visitantes internacionales. Cécile Rogue, promotora de viajes, anticipó consecuencias desfavorables para su rubro: «No deja una buena imagen para el turismo. El papá estuvo por aquí hace dos semanas y el panorama resultaba totalmente opuesto», valoró. Por su parte, una turista con abrigo rojo que ingresó de prisa a una estación subterránea manifestó en idioma inglés y bajo reserva de identidad que la vivencia fue sumamente aterradora.

En la estación de metro de la plaza de République, una de las más concurridas de la capital, aún se percibía el olor de los gases lacrimógenos. En los alrededores de dicho espacio, donde tuvieron lugar choques violentos, las tareas de limpieza avanzaban con celeridad, mientras dos agentes de seguridad privada custodiaban junto a un perro el ventanal destruido de un negocio de electrodomésticos.

En las calzadas aún quedaban esparcidos restos de casquillos y desechos, mientras que diversas bicicletas quemadas fueron apiladas para restablecer la transitabilidad. A poca distancia, una tienda de cosméticos reflejaba los estragos del saqueo con vidrios rotos, mercadería tirada y una alarma que no dejaba de sonar sin respuesta, sumándose a los vehículos calcinados que atestiguan la magnitud del conflicto.