Jornada de violencia asedia La Paz mientras organismos buscan establecer un diálogo de pacificación

La capital boliviana sufrió un día de alta tensión marcado por enfrentamientos, saqueos y denuncias sobre la presencia de grupos armados, en un escenario donde se intenta gestionar un acercamiento entre las partes en conflicto.

El centro político del país, especialmente la Plaza Murillo, se mantuvo bajo un estricto resguardo policial tras los disturbios previos protagonizados por mineros cooperativistas que usaron dinamita. En el resto del departamento, la situación se tornó crítica debido a la radicalización de los bloqueos, que ya superan la treintena de piquetes de interrupción en las carreteras provinciales.

Columnas de manifestantes descendieron desde El Alto empleando cachorros de dinamita y lanzando amenazas, mientras otros grupos ingresaron por la zona Sur y el cruce de Villas agrediendo a ciudadanos que cuestionaban su presencia. La tensión escaló cuando los movilizados intentaron rebasar la seguridad policial, lo que provocó el uso de gases lacrimógenos frente al ataque con piedras y explosivos, situación que fue denunciada por el Gobierno nacional.

La violencia se extendió con el paso de las horas, resultando en el saqueo de comercios y ataques contra oficinas de la administración pública en diversos sectores de la urbe. Entre los incidentes más graves destaca la quema de un vehículo policial y los daños materiales reportados en la Línea Naranja de Mi Teleférico, lo que obligó a la interrupción de los servicios de transporte.