
Luego de mantener una huelga de 20 días en la Ciudad de México, los educadores que intentaron boicotear el inicio de la cita mundialista determinaron el sábado levantar sus medidas de presión en las principales vías de la capital.
La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), una facción disidente del sector, encabezó los bloqueos y marchas para demandar un incremento salarial del 100% y la derogación de una ley de pensiones.
El sector movilizado pretendía obstaculizar la inauguración del Mundial el pasado 11 de junio; no obstante, las fuerzas del orden resguardaron los accesos al Estadio Azteca, escenario del partido inaugural entre México y Sudáfrica.
Un segundo intento de aproximación al recinto deportivo ocurrió el 17 de junio, durante el encuentro entre Colombia y Uzbekistán, oportunidad en la que la policía frenó el avance de los manifestantes.
Asimismo, los uniformados impidieron el ingreso de los maestros al Zócalo, la plaza principal del país que alberga el «fan fest» oficial del torneo, el cual registra una masiva asistencia de espectadores.
Hasta el momento de la suspensión de las medidas, los huelguistas pernoctaban en carpas y mantenían bloqueadas varias calles del centro histórico de la urbe mexicana.
En medio de las tensiones, la mandataria Claudia Sheinbaum descartó cualquier tipo de represión por parte de su administración, instando de manera reiterada a la vía del diálogo.
Por su parte, decenas de comerciantes del casco viejo reportaron severas pérdidas económicas a causa de los cortes de rutas, por lo que exigían constantemente el despeje de las vías.
«Hoy retornamos a las aulas para cumplir con nuestros alumnos, las comunidades y los padres de familia», manifestó Pedro Hernández, dirigente de la CNTE, aclarando que esta desmovilización no significa una derrota.
El representante gremial concluyó asegurando que las autoridades no han logrado debilitar su convicción de continuar con las reivindicaciones hasta alcanzar el éxito de su lucha.
