Cerco caminero asfixia a La Paz: persisten largas filas por carburantes y carne de pollo
El desabastecimiento de carburantes y alimentos básicos se agrava en La Paz y El Alto debido a los bloqueos de carreteras que ya superan las tres semanas. A pesar del despacho de cisternas por parte de YPFB y los intentos estatales de abastecimiento, las filas en estaciones de servicio y puntos de venta de pollo continúan multiplicándose.

Las dificultades para el abastecimiento de productos de primera necesidad y carburantes se agudizan en las urbes de La Paz y El Alto como consecuencia de las interrupciones viales que ya se extienden por más de tres semanas en la región. Aunque el Ejecutivo nacional anunció el pasado miércoles la habilitación de un nuevo corredor humanitario, similar al implementado el fin de semana pasado, esta medida de contingencia aún no se ha concretado en los hechos.
Pese a que durante la noche del jueves la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) procedió al despacho de camiones cisterna, las estaciones de servicio en las zonas central y sur de la sede de Gobierno registraron masivas aglomeraciones de vehículos desde tempranas horas de la mañana, con conductores que aguardan por conseguir gasolina o diésel.
Ante la escasez de carburantes, el sector del transporte público ha disminuido notablemente sus operaciones, provocando una reducción del flujo vehicular en las principales arterias de la ciudad. Este escenario crítico se replica en El Alto, donde además se reportan múltiples avenidas bloqueadas por los sectores movilizados.
De forma paralela, las sucursales de la Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos (Emapa) registran largas filas de ciudadanos que pernoctan o hacen fila desde la madrugada con el propósito de adquirir carne de pollo.
La alta demanda provoca que el producto trasladado mediante el puente aéreo desde Santa Cruz resulte insuficiente para abastecer a la población. Desde el propio Gobierno se reconoció que este mecanismo de emergencia apenas cubre el 10% de la demanda diaria paceña, mientras que en los mercados tradicionales abunda el cierre de puestos y el encarecimiento de los pocos productos disponibles.
