23 de septiembre de 2021

Esposa de David Santalla se rapa la cabeza en vivo como muestra de amor al actor que enfrenta al cáncer

«Quiero demostrarte que te amo, que eres mi vida entera y que no estás solo en esto», dijo Sandra Saavedra en una transmisión

El actor boliviano David Santalla, de 81 años, saludó a las madres bolivianas en su día en un video en el que se lo observa más delgado y sin cabello, por efecto del tratamiento contra el linfoma de Hodkin, un cáncer del tejido linfático, que enfrenta desde hace un año y que se complicó en los últimos meses. Durante la transmisión, su esposa, la fisioterapeuta Sandra Saavedra (51), interrumpió sus palabras y pidió permiso para demostrarle su apoyo y amor en estos duros momentos.

«¿Me dejas demostrarte mi amor a mi manera? Te encanta mi cabello, pero quiero demostrarte que te amo y decirte que no estás solo. Eres mi vida entera», expresó entre lágrimas Sandra mientras cortaba con una tijera unas largas trenzas rojizas.

David quedó sorprendido e intentó detener a su amada, argumentando que «hace frío en la cabeza», pero ella no paró hasta cortar casi al ras sus mechones.

«Sé que vas a salir pronto de esta porque Dios es grande, porque siempre nos ha bendecido. Me veo guapa igual que tú, porque yo a ti te sigo viendo guapo», expresó ella con la voz entrecortada, él también se emocionó «tú eres guapa por naturaleza», le contestó.

La pareja no paró de abrazarse y las personas que seguían la transmisión los felicitó por ese amor incondicional.

Santalla, que el lunes comenzará las sesiones de quimioterapia, a las que se someterá cada 21 días, también pidió a la población sus oraciones para que pronto pueda dar su «última gira artística por el país». 

Contó que antes de ingresar al hospital desea recorrer las calles de La Paz y compartir con la gente, por lo que pidió a su esposa que lo lleve de paseo el fin de semana.

Nuevamente planteó el pedido de apoyo de las autoridades a los artistas, especialmente en esta época en la que no pueden trabajar con normalidad. 

| EL DEBER